domingo, 7 de mayo de 2017

cuando todo tiembla y nosotros

nos agarramos de un árbol
movemos los dedos
mi cuerpo
no puede soportar demasiado
el amor.
hablamos de la muerte
de la consciencia a futuro
no sé
sino sentarme, mirar hacia otro lado
el mar, es una manía que tengo
como el miedo, la humedad
un presagio para cada cosa:
ya he visto cómo se pudre la carne
se parece al color de algunas flores
a lo intempestivo
quisiera
que los ojos trajeran a la memoria
el momento exacto
en que todo comienza a acabar
y los huesos se acomodan
como una ruta sin tránsito.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

peces

.
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entre tu espalda y mi pecho corre un río
ahí
los peces
hacen surco y costura, entre esternón
y vértebras.


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lunes, 20 de junio de 2016

enjambre

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estuve tejiendo una bufanda
para las noches de invierno
aun no es
invierno
pero como si lo fuera
tejo.
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sábado, 11 de junio de 2016

lejos.

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la distancia no atropella la cercanía


salvo las manos,
cuando piensan.

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0
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martes, 22 de marzo de 2016

sábado, 30 de enero de 2016

Tierra Animal




En España:

Sucursales de Casa del Libro
Central Librera (madrid y barcelona)
Central Librera Ferrol
Arrebato
Cervantes y Cía
A pie de página (Valladolid)
Picasso (Granada y Almería)



En Argentina:

Librería Norte.



Tierra Animal, 
Lila Biscia

Prólogo de Andrés Neuman

Editorial Harpo libros, 2015
♥ 




sábado, 16 de enero de 2016

orillas.

.


hay algo de suavidad en la palabra lejanía
una intervención del tiempo más que de la distancia
algo semejante a las olas
que produce el río.





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miércoles, 30 de diciembre de 2015

nada.


la primera vez que lloré en la calle
cruzaba la general paz con una bolsa papel madera
en la mano.
me la había dado él        un rato antes.

ese día nos habíamos encontrado de casualidad
en un ascensor.
mientras bajábamos, me dijo
tengo en el baúl todo lo tuyo.

caminamos por el estacionamiento
abrió el baúl. le dije: chocaste
me dio la bolsa
no son tantas cosas, dijo. las temporadas de lost, un par de libros.
por qué tenés esto en el baúl, pregunté
me chocaron, respondió.

en el colectivo recordé que una vez, un señor
me mojó con sus lágrimas que salieron casi flotando
a través de la ventanilla, no puedo acordarme la calle.

en general paz todo quemaba.
era verano y yo
con todo lo mío
empezábamos a desintegrarnos.


domingo, 13 de diciembre de 2015

pie

rené groeblin


soñé que no me entraban las piernas
en el avión
intenté acurrucarme
nunca
me pensé tan alta pero
ahora
sueño que mis piernas 
raspan el hule blanco, me agacho 
a ver dónde es
que termina mi cuerpo
cuánto
tendré que doblarlo
si quiero llegar,
tocar el suelo
hacer pie, recordarme
que fue lunes
el día que después del cine
viajamos
en colectivo y vos
apoyaste tu cabeza en mi hombro.





martes, 15 de septiembre de 2015

una, cualquier tarde.


M. Warren.





lo que guardamos, la palabra 
nuestro
el momento,
un saquito de té que dejamos
permanezca 
en el agua
                           destiñe
como claridad en desalojo. 






martes, 19 de mayo de 2015

ser

Francesca Woodman


un día me di cuenta que él era feliz
sin  mí


-como las tortugas-


como si alguna vez fuésemos a entender algo
de las tortugas, o


como si cualquiera de nosotros
pudiese llegar a ser
feliz,
alguna vez.



jueves, 7 de mayo de 2015

frío.



él está pasando la semana en Varsovia,
me dice
que lo amaron en la conferencia y el frío
no es tanto como pensaba, que qué tal
mi frío, entonces lloro.
escucho mi llanto en el delay del teléfono.
me dice que le gustaría que pudiese estar ahí                                          
con él
que me llevaría “al lugar donde están las cosas de los judíos,
vos que tenés el judaísmo en tus caderas.”
me río. le digo que es un nazi.
se ríe. me dice que para mí todos son nazis.
le digo que sí.
cortamos.
me meto en la cama.
dejo que la gata se duerma entre la frazada y el acolchado.
me olvidé de preguntarle si en Varsovia es primavera y si ahí los astros
estarían de nuestro lado.
no sé si es tarde, pero estoy cansada.
es demasiado pesada la nieve que llevo acumulada
sobre las pestañas


sábado, 28 de marzo de 2015

XIII








enchastra

bajo el muro

                     todo el temblor agónico

                    después

de haber perdido








miércoles, 11 de febrero de 2015

digna

Andrey Izosimov



voy a barrer el piso en una iglesia evangelista
a rasgarme la ropa con las manos y
avanzar gateando hasta los pies de cristo


detrás de mí
dejaré un reguero de sangre
de mi sangre
sucia
y abriendo mis brazos
mirando la estatua de ese hombre
gritaré:
estos brazos están hechos para astillarse, vení
abrí mis venas
                       con las espinas que decoran tu cabeza


los niños cantores se mancharán la suela de los zapatos
y con sus pasitos hacia ningún lugar trazarán
el camino
de la falsa piedad.


que la bañen en sal
exigirán los feligreses
que la limpien de la peste que la persigue


pero yo
aún de rodillas
los miraré con feroz desprecio
y repetiré:
 nadie se atreva a quitar de mí
 los pecados que gané
 con mis propios mérito.



domingo, 25 de enero de 2015

voz

fotograma: el amante.


deduzco algo de suavidad en la palabra lejanía.
una intervención del tiempo más que de la distancia,
algo semejante a las olas que produce el río.

por razones contrarias a su significado, la lejanía reposa en la boca de quien la pronuncia.
como la palabra viento,
o como leer en voz alta
la tristeza.




domingo, 11 de enero de 2015

casa

hoy me llamo ana. cuento que limpio la cocina. que todo el tiempo estoy limpiando la cocina porque nunca termino de hacerlo.
al igual que que yo, ana no pone cortinas en su casa porque a pesar de tener la necesidad desesperada de echar raíces en algún lugar, siempre está queriendo irse.
colocar cortinas no es elegir una tela que combine, ni tomar las medidas para mandar a confeccionarlas. implica sentir que finalmente vamos a quedarnos: que el lugar es acá. nos da miedo sentir un      acá.
ana vuelve a la cocina y limpia las paredes hasta donde le da la altura. nunca va a poder verla impecable entonces,        
descansa. lee un poema de García Casado que dice “mi vida sin ti es un asco”.
ana parafrasea “mi casa sin ti es un asco”, y extranjeriza su lenguaje únicamente para traducir su cotidianeidad: ayer dejé las bragas húmedas en el fregadero. la lámpara de la sala se ha caído aunque no del todo: se balancea con el viento y está sostenida sólo por la cinta adhesiva que ha colocado el encargado meses atrás. aún no logro desempacar la maleta y mi mesa de noche está repleta de tazas vacías con restos de café con leche: mi casa es un asco      sin ti.
las dos miramos a la gata que está recostada sobre una bolsa que apareció en el suelo del living. desde acá podemos ver su herida. ella vive su herida sin tener expectativas del desenlace: en estos días un veterinario la diagnosticará y luego dictaminará el tratamiento indicado. en un mes a más tardar, la veremos sobre lo que encuentre tirado en el piso            
curada.
ana me pregunta si yo sé cuál es nuestra herida             y no, la verdad que no.
ana se echa en el sillón a llorar desconsolada.
yo no me acerco. no sabría qué decirle y hace demasiado calor como para calmarnos.
la dejo
me voy a la cama. veo que la mesa de luz está llena de tazas con restos de café con leche que acumulé a lo largo de la semana. mi casa está hecha un verdadero asco.
agarro el libro de García Casado. leo: estar en las afueras/ también es estar dentro.

domingo, 21 de diciembre de 2014

saber.

Anna O. 



nunca aprendí a tocar la guitarra.
hay algo como el impedimento.
querer pretender que las dos manos se muevan pensando diferente o
esperar
que la elongación de los dedos sea lo suficientemente amplia
para abarcar
la intención de un acorde y
otro
[a la misma vez]
como cuando las despedidas.
saber tocar la guitarra es como despedirse.
yo no sé hacerlo,
no me alcanza el cuerpo.



martes, 16 de diciembre de 2014

nada


la primera vez que lloré en la calle
cruzaba la general paz, con una bolsa papel madera 
en la mano.
me la había dado él   -un rato antes. eran
mis objetos perdidos tiempo atrás.


ese día
nos habíamos encontrado de casualidad en un
ascensor.
mientras bajábamos       me dice
tengo en el baúl del auto todo lo tuyo
para darte.
yo me pregunté cómo
habiendo pasado un año de separados
es capaz de nombrar todo lo mío
en ese mínimo espacio de tiempo medido en alturas


el último minuto que nos habíamos visto en nuestra otra vida
yo puse mi mano en su pecho como reflejo
-un de intentar guardar su todo
en mi memoria-
cerré los ojos a las pérdidas y escuche
mi mano
sosteniendo lo último
que tendríamos juntos.


cuando bajamos del ascensor caminamos por el estacionamiento.
abre el baúl y le digo: chocaste.
me da la bolsa. no quiero
cargarla
ese todo
me pesa.
no son tantas cosas, me dice. las temporadas de Lost y un par de libros.
no quiero. por qué tenés esto en el baúl, pregunto.
me chocaron, responde. te llevo hasta tu casa.
no.


en el colectivo recordé que una vez, un señor
sentado delante de mí
me mojó con sus lágrimas que volaban a través de la ventanilla
abierta.
recordé
también
al personaje de chunking express que corre
para que el llanto se haga sudor y no
dolor.


en la general paz
todo quemaba.
era verano y yo
con todo lo mío
empezábamos a desintegrarnos.

sábado, 29 de noviembre de 2014

dentro.


voy al cine.
la mitad de la película no la entiendo. trata sobre el espacio, aliteraciones temporales. trata sobre la paternidad. no sé cuál es la parte que más me cuesta comprender. hay un agujero negro que nos transporta hacia lugares en donde el tiempo no pasa de igual modo para todos.
acá, en nuestra galaxia y sin necesidad de subir a ningún cohete, el tiempo tampoco es el mismo para nadie.

en el cine, a mi lado
hay una pareja. los dos comen pochoclo. hacen ruido. siento el olor al pochoclo caliente pero no me da ganas de comer. no me arrepiento de haber entrado a la sala únicamente con un café. tengo en la cartera maní con chocolate que me llevaron, pero no lo como. comento que me recuerdan a mi infancia, cuando en los cines sólo se podía comer eso, y caramelos sugus confitados.

ahora la pareja
se besa, además de comer. también hacen ruido al besarse. escucho la saliva y el final del beso. después, otra vez el beso y más saliva. ella me roza un poco con su pelo de rulos. yo tuerzo la cabeza para mirarlos. quiero que se den cuenta que me están molestando. me molestan sus ruidos, pero me molestan sus besos.
me pregunto si cuando beso, mi lengua hará el sonido de huracanes devastando ciudades.
trato de recordar la última vez que me besaron. no que me besaron de morondanga, sino, la última vez que sucedió que el beso me haya transportado al territorio del olvido de todo lo demás.
tengo en mi memoria cuándo fue y con quién. la última imagen visual de esa escena fueron mis propios párpados cerrándose. sí, el temblor del sexo y todo lo que viene después pero, cuando finalmente me quedé sola, también ingresé a la curva espaciotemporal de la que habla la película. pensé que posiblemente nunca pueda explicarme qué es el amor, ni tampoco responderme si seré capaz de volver a enamorarme, pero que sin dudas, lo más cercano a la entrega fue ese instante de labios y bocas abriéndose. lo más cercano a la certeza, que creo, podré sentir.



domingo, 16 de noviembre de 2014

creer.




“Me desabrocho la camisa
y le muestro el pecho
a la tormenta”
Jorge J. Molina


creer
es como quedarse ciega



no hay más poema
después de eso,



ni circunstancias
ni realidades aleatorias



o
querer creer
e invertir el tiempo
el cuerpo expandido hacia atrás



subordinar palabras del estilo de
muchedumbre
planicie
devenir.



el tiempo
se presenta como una fotografía en proceso de revelado
un supuesto entre la espera
y lo concreto



después,
la tormenta
que hace sudor entre los dedos
efemérides de la piel



como desvestir la herida
resabios de creencias a la intemperie